
Mirando por el cerrojo
de la puerta de mármol
descubrí un hada
de alas rotas,
con vestido de seda
que cubria su cuerpecito
tan cristalino
de ojos carmín
embelesaba el atardecer.
Recogía sus piernas
y las sujetaba
con sus largos brazos
respiraba despacio
lloraba en silencio.
Por las mañanas
le dejaba cristales
en forma de libélulas
podía verla sonreir
mientras se las comía.
Un día encontré la puerta abierta
el hada no estaba
solo encontré
una libélula resplandeciente.
Mi hada se ha ido
la muerte se la ha llevado
también mi alegría
y un beso
me ha dejado.
Luna suicida

hippie bizarra
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